Un día, dos niños estaban patinando en una laguna congelada. La tarde era fría y nublada, pero los niños se divertían haciendo piruetas y jugaban sin preocupación, riéndose de sus travesuras, de pronto, el hielo se rompió y uno de los niños cayó al agua. El otro niño, viendo que su amiguito se ahogaba debajo del hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas, hasta que logró romperlo, pudiendo así rescatar a su amigo.
Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaron cómo lo había hecho ya que el hielo era muy grueso. Es imposible que lo haya podido romper con esa piedra y esas manos tan pequeñas, comentaban entre ellos.
En ese instante apareció un anciano y dijo:
¡Yo sé cómo pudo hacerlo!
¿Cómo?, preguntaron.
Pudo hacerlo, porque no había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo.
“Si puedes soñarlo, puedes lograrlo”
“Él (Dios) da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas” Isaías 40: 29
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